Algunos aspectos sociales y políticos en La casa de los espíritus de Isabel Allende

La casa de los espíritus es una novela que abarca varias generaciones y comprende grandes cambios políticos. Es importante aclarar primero que aunque nunca llegue a decirse abiertamente, no hay duda de que el relato esta ambientado en Chile.
El relato se inicia con los cuadernos de Clara, pero va a ser Esteban Trueba el único personaje que vivirá todas las épocas, y él, igual que su suegro antes, va a ser un hombre volcado en la política, como corresponde a la oligarquía de su época. La novela da comienzo en la primera decada del s.XX, y diversos acontecimientos históricos y sociales en la vida de los personajes van a marcar el paso del tiempo: los felices años veinte, la llegada de los primeros coches, el avance de las tropas en la II Guerra Mundial, la prosperidad de Chile como despensa de una Europa en crisis; la llegada de
inmigrantes ilustres, como el conde Satigny; la demonización del comunismo por parte de la derecha, el gran terremoto de 1960…
A medida que avanzan los acontecimientos y las relaciones entre los personajes se vuelven cíclicas, la sociedad chilena se articula como una gran mayoría, analfabeta y pobre que trabaja en fundos, contrapuesta a la minoría oligarca, culta e investigadora. El gran contraste se crea aquí a través de las parejas. Pedro y Blanca, Nicolás y amanda, Alba y Miguel… en el momento que alguno de estos intenta dejar el camino que le ha sido trazado encuentra una gran zanja que lo separa de la otra clase social.
Es curioso el tratamiento que da la autora al problema de la explotación de los pobres, pues nunca llega a caer en el maniqueísmo: ni Esteban Trueba es tan malo ni los campesinos tan buenos.
Los últimos capítulos de la novela se despegan del realismo mágico para caer en la más amarga novela realista. En la victoria del Candidato y la posterior reforma agraria, en el boicot de los inversores extranjeros y las empresas nacionales, vemos claramente el gobierno de Salvador Allende, de 1970 a 1073. Esteban representa aquella gran mayoría de la sociedad chilena que duerme con miedo al comunismo y agita a las fuerzas armadas para que intervengan y, al igual que todos los demás, tendrá tiempo de arrepentirse de lo ocurrido. Esteban García representa el producto necesario del odio. Era inevitable que una sociedad tan injusta creara personajes así.
A partir de aquí se relatan una serie de atrocidades que contrastan con la imagen de orden y pulcritud que intenta dar el país al exterior, y el personaje de Alba se mueve entre estas idas y venidas clandestinas, entre supermercados llenos de manjares que nadie puede comprar, calles sin mendigos y barrios de chabolas tapiados para que no los vean los turistas y campos de concentración. La sociedad bajo la opresión se divide finalmente en dos bandos: los mayores que se exilian, como Blanca y Pedro Tercero; y los jóvenes que aún confían en que un cambio es posible, como Alba y Miguel que se quedan para luchar.